domingo, 13 de diciembre de 2009

LA OSCURA NOCHE SOCIALISTA


Quito esuna de las ciudades más hermosas del planeta, especialmente en la noche.

Ah, cómo no ir por sus calles coloniales, subir la Guayaquil hasta San Agustín,luego doblar la Chile hasta la Plaza Grande y ahí admirar la Catedral, el Palaciode Gobierno, lleno de fantasmas, como decía Abdalá Bucarán; luego voy a laiglesia de San Francisco, en cuya fachada –reza la leyenda- falta una piedra,razón por la que el fiero Cantuña, su constructor (y nieto de Atahualpa), trasun convenio con el diablo, salvó su alma "salvaje" para entregarla aJesucristo.
Es casi las seis de la tarde. Voy hasta el Arco de la Reina y allí vienen ala mente mis andanzas de juventud, cuando vivía en la 24 (Flores del Califa, Nochede Sirenas, nombres sugestivos de burdeles del siglo anterior). Celebro labelleza de La Ronda (sus callecitas empedradas, las casas llenas de patios), ydonde antes fue refugio de choros, viajeros y prostitutas hoy se hospedan loshijos de éstos.
Los huéspedes de los bares cerca al antiguo terminal de buses me invitan acelebrar mi regreso: alcohol, hierba, polvo es lo que menos falta aquí y hastamujeres disfrazadas de turistas para amenizar la noche.
Yo agradezco su hospitalidad. "Eso quedó atrás", contesto a los"brujos", sin rodeos. Y añado con cierta nostalgia: "Igual quemi juventud". Ellos sonríen sin enfado, mientras yo veo escapar el humodel "porrito" entre sus dedos, tal si fuera el último aliento de susvidas.
"¡Bacán!", gritan en pleno vuelo. Pero no es suficiente. “¡Faltael turbo!”, gritan con vehemencia y al rato arman su "maduro conqueso" (hierba con base de cocaína). Los veo viajar "en sus naves alespacio" y luego temblar sus huesos en una esquina, como cachorros llenosde frio.
Me despido, sin obtener respuesta. A esa hora yo no estaba más en su “órbita”.Sigo más abajo, al antiguo terminal terrestre, o lo que quede de él, donderatas, mendigos y viajeros se encuentran cada noche, después de probar suerte enlos basureros de la ciudad. Y hay veces que se escucha allí gemidos de placer ode dolor, ruidos de autobuses partiendo a algún lugar en las tinieblas, lassombras de los viajeros de antaño, el altavoz anunciando los destinos...historiasdel ayer, cuyos duendes asustan hoy a los niños de los barrios vecinos.
Voy hasta Santo Domingo.
-"Volvió el hijo pródigo!", me recibe la vieja Meche, vendedorade estampitas, inciensos y chicles a la puerta de la iglesia. Las sombras seapoderan de la ciudad y ello es motivo de jolgorio para "Carepiña"(debido a las espinillas en su rostro). Algo anda mal, sospecho entonces.
“¡Pilas! Flaco”, grita a su "socio", “que hoy habrá horas extras”.Y el "socio" responde con una voz fangosa:
“¡Esta noche sacamos pinta, brother!”, mientras "analiza" mi pasoa parada del trolebús.
-“Hable liccencciado”, me grita, Ismael, el borrachito que tiene su"piso" bajo los portales del convento.
-Tranquilo, no más, Ismael, que si es por aguas no falta-. Le contesto, enmedio de la prisa de la gente por abandonar la plaza. La oscura nochesocialista ha comenzado en la ciudad donde crecí, aprendí a amar y, al final laabandoné. Hoy he vuelto a recorrer sus calles, y al hacerlo, repito ensilencio:

"Esta es mi ciudad y yo la amo en su decadencia.
Estas son mis palabras que le temen a la soledad.
En los ojos de los muertos se posan las moscas,
pero también en los tuyos,
si los huesos que alimentas ignoran el regreso"

Extiendo mis brazos, agradecido con la vida. Soy yo, me siento más fuerte y voyde nuevo a mi hogar; sólo que esta vez lo encontré en tinieblas.
Carondelet es en la actualidaduna olla de grillos. Hay tantas verdades que se quiere ocultar, tantas mentirasque se repite mil veces hasta volverse verdades. Cuando los cortes de energía sedieron en el sector donde habita nuestro mandatario, éste despidió en seguidaal gerente de la empresa eléctrica; mas hoy que gran parte de la nación luce entinieblas, ¿a quién despediremos nosotros?

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